Trenzar la vida: complejidad y biosociodiversidad en clave de derechos humanos

Etimológicamente, la palabra complejidad es de origen latino, tiene la raíz plectere que significa ‘trenzar, enlazar’. La complejidad es quizá la característica más esencial de la sociedad actual. Los avances tecnológicos y económicos hacen que la producción, el transporte y las comunicaciones deban ser más eficientes, entonces interactuamos con cada vez más personas, organizaciones, sistemas (incluyendo los ecosistemas) y objetos. A medida que esta red de interacciones crece y se extiende por todo el mundo, los diferentes sistemas económicos, sociales, tecnológicos y ecológicos de los que formamos parte se vuelven cada vez más interdependientes. El resultado es un “sistema de sistemas” donde un cambio en cualquier componente puede afectar prácticamente a cualquier otro componente, y eso de una manera mayoritariamente impredecible.
La complejidad y sus implicaciones son las bases del denominado pensamiento complejo (Edgar Morin) en una dinámica entre el pensamiento “simple” y el “complejo”. Lo “simple” aísla y reduce, pero puede hacer visible lo complejo. En realidad, lo “simple” no es tan simple, sino que es una reducción de la complejidad subyacente. De la complejidad subyacente a un sistema de sistemas se puede abordar generando límites entre sistemas agrupados y de esa manera emergen las “relaciones simples”. Aunque diversos trabajos han bordado acerca de los conceptos de lo biodiverso y otros acerca de lo socio diverso hay escasa información acerca de la interrelación biosociodiversa, menos aún con la interrelación con los Derechos Humanos (que a su vez resultan de gran complejidad).
La biosociodiversidad es un concepto complejo en sí mismo.
A la diversidad social en un hábitat particular se impone también el doble (al menos) arista de lo bio. Lo bio en términos de lo humano, se puede considerar dentro de la diversidad biológica de cada grupo humano dado el producto de la evolución en cada hábitat. El hábitat es complejo en sí. Los ecosistemas abundan en provocar esta complejidad con sus factores bióticos y abióticos. Más aún la diversidad biológica está íntimamente ligada a la actividad antropogénica y viceversa. Por un lado, la capacidad tecnológica ha provocado grandes cambios en lo biosfera y por lo tanto el impacto de la huella ecológica ha sido mayúsculo en las décadas recientes. Sin embargo, esa misma huella ecológica ha generado riesgos difícilmente estimados en las décadas recientes poniendo al límite la capacidad humana de sobrevivencia a largo plazo. Pero la vida es el Derecho Humano con mayor ponderación y el Derecho al Medio ambiente sano es un núcleo de derechos, es decir aglutina a muchos otros. Existe una fuerte relación en la complejidad de lo biosociodiverso con los Derechos Humanos: a) La protección del medio ambiente es esencial para el ejercicio pleno de otros derechos, como la salud y la vida. La intersección se hace evidente al entender que la degradación ecológica repercute en la calidad de vida y en el bienestar cultural y social de las comunidades, b) La protección de saberes y prácticas ancestrales: Las comunidades que habitan en entornos ricos en biodiversidad poseen conocimientos tradicionales que han sido fundamentales para la conservación de los ecosistemas. Reconocer y proteger estos saberes implica también salvaguardar sus derechos culturales y de participación en la toma de decisiones, creando un vínculo directo entre la diversidad cultural y la biodiversidad, c) Justicia ambiental y equidad: la explotación indiscriminada de los recursos naturales, muchas veces orientada a intereses económicos, afecta de manera desproporcionada a comunidades vulnerables. Garantizar la justicia ambiental es proteger tanto los derechos humanos de estas comunidades como la integridad de los ecosistemas, promoviendo una distribución equitativa de los recursos y la reparación de daños históricos.
La articulación entre los Derechos Humanos y la biosociodiversidad dejar ver la profunda interdependencia entre lo social, cultural y ecológico en los que se desarrolla la vida humana. El presente trabajo da muestra de que tanto la biodiversidad como la sociodiversidad no solo comparten dinámicas complejas propias de sistemas abiertos y en evolución, sino que además se entrelazan en territorios específicos, generando configuraciones biosociodiversas únicas que deberían ser reconocidas, respetadas y protegidas.






