Cade Cunningham dirige la remontada de los Pistons

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Los Pistons arrancaron como si el campo estuviera cubierto de arena, lentos, descoordinados, con el ritmo de un equipo que aún no había despertado del todo. Pero algo cambió al inicio del tercer cuarto: una chispa, un giro sutil, una transición que no se vio venir pero que lo cambió todo.

Una racha de 14-1 no es casualidad. Ni siquiera suerte. Es resultado de una defensa que se cerró como una puerta de acero, de rebotes que se convirtieron en transiciones rápidas, y de un base que dejó de jugar para empezar a dirigir. En esos minutos, Orlando perdió no solo la ventaja, sino la confianza. Sus tiros libres, esos que deberían ser seguros, se volvieron un calvario: 11 de 28 en los primeros 36 minutos.

Cada fallo fue como un clavo más en el ataúd de su intento de remontada. Por su parte, Tobias Harris encontró su ritmo en los espacios que Cunningham le abría, y Jalen Duren se convirtió en un murciélago en la pintura: 21 puntos, 12 rebotes, una presencia imposible de ignorar. Mientras tanto, en el otro lado, Paolo Banchero y Franz Wagner —los nombres que prometían revolucionar la franquicia— se perdieron en la presión. 46 puntos combinados, sí, pero con 17 de 30 en tiros de campo y una inconstancia letal desde la línea. El balón se les escapaba como agua entre los dedos.

El Magic, que apenas hace una semana celebraba su primera victoria, ahora enfrenta una caída en picada que pone en duda no solo su consistencia, sino su identidad.

¿Son un equipo en construcción o uno que se desmorona bajo la presión? La respuesta no está en los números, sino en los detalles: en los pases mal ejecutados, en los errores defensivos repetidos, en la falta de respiración cuando el partido se pone difícil.

Y mientras Orlando se hundía en sus propios errores, Cunningham completó su obra: 30 puntos, 10 asistencias, 6 rebotes, 3 robos, 3 bloqueos. No fue el más alto en anotación, pero fue el más completo. El que lo vio todo, lo supo todo, y lo hizo posible. Sin exaltaciones, sin gestos teatrales. Solo un juego limpio, inteligente, impecable.

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