T-MEC: Derrotar la óptica derrotista

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Para bien y para mal (nótese que no usamos “para bien “o” para mal”) México tiene la circunstancia geográfica de ser vecino de Estados Unidos. Para bien y para mal nos toca la coyuntura de que el Señor Donald Trump (DT) es, de nueva cuenta, el que ejerce desde la Casa Blanca en Washington un poder casi absoluto y sin contrapesos reales internos como presidente de su país. Para bien y para mal DT, es el presidente de la primera potencia económica, política y militar del mundo. Para bien y para mal Donald Trump tiene la personalidad volátil y voluntarista que tiene y que ya conocemos. Para bien y para mal DT decidió cambiar las reglas del juego del comercio global y establecer nuevos paradigmas –imponiendo aranceles a diestra y siniestra, impulsando políticas proteccionistas y declarando la llamada “guerra comercial” al Gigante Asiático que es China-. Para bien y para mal toca en esta etapa, 2025-2026, la revisión del Tratado T-MEC que representa casi todo en materia económica con efectos importantísimos en lo social por los empleos que genera para la Nación mexicana. Para bien y para mal, y con justificada razón dada la trascendencia que tiene y tendrá su revisión, todos los días se habla en México del Tratado en múltiples espacios; tanto en la arena política y en los medios que hacen y construyen la opinión pública (periódicos, noticieros de radio y televisión, redes sociales) leemos y escuchamos una multiplicidad de juicios y argumentaciones prácticamente todos centrados en el análisis de la coyuntura y/o en los dichos de DT que, sin negar su importancia e impactos momentáneos, distraen la atención de lo verdaderamente importante y que en un porcentaje muy alto generan incertidumbre, pronostican la catástrofe o miran el futuro desde una óptica derrotista que, desde mi punto de vista, es injustificada.

Dicho lo anterior, es importante decir que MÁS PARA BIEN QUE PARA MAL los datos duros y los indicadores nos dicen que la revisión del Tratado avanza y que el proceso avanza bien; es por ello que sostenemos que es necesario derrotar la óptica derrotista ante la revisión del T-MEC. Algunos datos pueden servirnos para estimular una visión optimista y son los siguientes:

Primero.- En los tres países (México, Estados Unidos y Canadá) está en marcha el proceso de Consulta Nacional y a los sectores productivos involucrados en todos los 34 capítulos del T-MEC. ¿Alguien puede pensar que si no hubiera sido útil o benéfico en algo para alguno de los países participantes arrancarían el proceso de revisión y convocarían a consultas nacionales?

Segundo.- Se trata de un proceso formal y serio al más alto nivel de los gobiernos de los tres países en donde la etapas son: primero es la Consulta, luego la Revisión y posteriormente la Negociación. Por tanto, ya se empezó a la par en todo América del Norte con la primera etapa de este proceso y que es precisamente la de las Consultas Públicas. Todos arrancaron el proceso a mediados de septiembre; en el caso de México concluirá el 15 de noviembre de conformidad al Aviso publicado en el Diario Oficial de la Federación por el Secretario, de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon; en el caso de Canadá concluirá dicha etapa el 31 de octubre, y; en Estados Unidos se cierra la Consulta el 31 de octubre pero habrá, de conformidad con la Oficina del Representante Comercial (USTR) una audiencia pública en la Comisión de Comercio Internacional en Washington el 17 de noviembre  para conocer a fondo los testimonios orales de empresas, ciudadanos y organizaciones acerca de la efectividad y áreas de mejoras para el T-MEC. Asimismo, el 24 de noviembre se deben presentar los comentarios de réplica sobre la audiencia realizada y el 2 de enero de 2026 la USTR debe enviar el reporte al Congreso con la evaluación del Tratado y la posición de Estados Unidos sobre las recomendaciones de acción. ¿Alguien puede pensar que Estados Unidos, más allá de DT, le otorgue tanta relevancia y atención a algo que no haya funcionado?

Tercero.- Los beneficios económicos y comerciales del T-MEC están a la vista: El libre comercio  ha facilitado el libre intercambio de bienes originarios de los países miembros, eliminando o reduciendo barreras arancelarias y prohibiendo los impuestos de exportación; se ha detonado la inversión extranjera en un escenario de certidumbre y previsibilidad a través de reglas claras, haciendo que los países sean más atractivos para empresas extranjeras que buscan operar en Norteamérica; las cadenas de suministro regionales se han fortalecido, especialmente en industrias como la automotriz, gracias a reglas de origen que promueven el contenido regional; las exportaciones e importaciones han expandido los mercados; el comercio digital ha avanzado de manera exponencial dinamizando la economía adaptándose a los nuevos esquemas, etc. ¿Alguien pensaría que si no hubiera habido efectos positivos los países estarían sentados a la mesa discutiendo el T-MEC?

Estamos frente a un proceso de grandes cambios y recordemos que “el cambio es la única constante en el universo” (Issac Asimov). El proceso de revisión del T-MEC plantea un camino difícil, inédito y complicado de transitar entre personalidades e intereses, pero lo que es fundamental es que veamos el proceso como algo positivo y tengamos la actitud y la aptitud de aprovechar estos tiempos de cambio mundiales. Hoy tenemos que hacer las cosas de manera diferente y darnos una sacudida mental, “no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo” (Albert Einstein).

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