Mitos y realidades sobre vacunación

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(Astor M, Blum D, Rosenbluth T, Mandavilli A, Abelson R y Nunn EB: New York Times 28 de septiembre de 2025)

carlos abud

El tema de las vacunas en Estados Unidos se ha vuelto confuso y caótico. Los miembros del Comité de directrices sobre vacunas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) se reunieron la semana pasada y votaron a favor de limitar el acceso a las vacunas contra la COVID actualizadas y las vacunas combinadas contra sarampión, paperas, rubéola y varicela, para seguir una agenda impulsada por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. y tiene el potencial de afectar tanto las decisiones de los pacientes como la cobertura de los seguros.

El presidente Donald Trump y Kennedy también han insinuado repetidamente que las vacunas pueden estar relacionadas con el aumento de los diagnósticos de autismo, una afirmación que ha sido desacreditada por décadas de estudios científicos.

En teoría, cualquier persona a partir de 6 meses debería poder recibir las vacunas actualizadas, dirigidas a variantes más recientes del virus, un término amplio que puede incluir a médicos, enfermeras y otros profesionales. Este año, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó las vacunas solo para mayores de 65 años o con enfermedad subyacente de alto riesgo. El panel de vacunas de los CDC denominado Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización, recomendó que cualquier persona a partir de 6 meses pudiera vacunarse mediante una “toma de decisiones clínicas compartidas” con un profesional médico.

Las vacunas antigripales están ampliamente disponibles, los CDC las recomiendan para todos los mayores de 6 meses. Las vacunas se dirigen a tres cepas de gripe que la FDA determinó que tenían más probabilidades de circular esta temporada y puede reducir la gravedad de los síntomas en caso de enfermedad. El momento ideal para vacunarse contra la gripe es entre finales de septiembre y octubre.

Los padres tienen dos opciones para proteger a sus hijos contra el sarampión, las paperas, la rubéola y la varicela. Opción 1: los niños reciben dos vacunas: una para la varicela y otra que cubre el sarampión, las paperas y la rubéola, llamada triple vírica. Opción 2: los niños reciben una vacuna combinada triple vírica que cubre la varicela, sarampión, paperas y rubéola, llamada MMRV por la sigla de las enfermedades que cubre en inglés. La vacuna combinada aumenta ligeramente el riesgo de convulsiones inducidas por la fiebre en los niños pequeños, pero no causa daño duradero.

Los niños suelen recibir una segunda dosis de la vacuna triple vírica o de la vacuna combinada entre los 4 y los 6 años de edad. Como la recomendación de los CDC es solo para los menores de 4 años, esta dosis no se ve afectada por la decisión del panel.

La hepatitis B puede provocar lesiones en el hígado, las que podrían ser duraderas y progresar insuficiencia hepática, cirrosis y cáncer. El panel asesor de vacunas de los CDC recomienda la vacuna de la hepatitis B para todos los recién nacidos desde 1991, ya que la hepatitis B puede transmitirse durante el parto si la madre tiene el virus. Las tasas de la enfermedad han descendido considerablemente desde entonces. El virus es más transmisible que el VIH. Aunque la hepatitis B puede propagarse a través de las relaciones sexuales o de agujas compartidas, las personas también pueden contraer el virus a través de objetos domésticos, restos de sangre u otros fluidos corporales.

Los efectos secundarios significativos de la lista actual de vacunas infantiles son extremadamente raros y no hay indicios de que recibir varias vacunas a la vez sea peligroso. Todas las vacunas o fármacos tienen algunos efectos secundarios, pero la inmensa mayoría de los síntomas son leves y transitorios.

Decenas de estudios realizados en las tres últimas décadas no han logrado establecer una relación entre las vacunas y el autismo. La idea de que las vacunas causan autismo cobró fuerza a finales de la década de 1990, cuando un investigador británico llamado Andrew Wakefield publicó un estudio sobre 12 niños que pretendía revelar una relación entre el autismo y la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola. El estudio era fraudulento y Wakefield tenía un conflicto de interés. Su artículo fue finalmente retractado y además Wakefield perdió su licencia médica.

Desde entonces se han realizado muchos estudios más amplios relacionados con las vacunas y el autismo, incluido uno que examinó a toda la población infantil de Dinamarca. Allí, los investigadores siguieron a 657,461 bebés nacidos entre 1999 y 2010, de los cuales 6,517 recibieron finalmente un diagnóstico de autismo, sin diferencia proporcional del diagnóstico entre los niños vacunados y los no vacunados.

Una fracción de uno por ciento de los jóvenes —especialmente varones entre 12 y 24 años— que reciben las dos primeras dosis de las vacunas contra la COVID de Moderna y Pfizer pueden sufrir miocarditis. El efecto secundario es aún más raro en adultos de otras edades y no se ha observado en niños pequeños. En todos los grupos de edad, la miocarditis es más frecuente posterior a contraer la COVID.

Las vacunas antigripales también son muy seguras. El síndrome de Guillain-Barré —en el que el sistema inmunitario ataca los nervios— se da en uno o dos receptores de cada millón, según los CDC y la Organización Mundial de la Salud; también, es mucho más probable que lo causen las infecciones gripales que las vacunas.

Es posible, aunque no frecuente, tener una reacción alérgica a cualquier vacuna.

Cambios metabólicos en microbiota intestinal que aumentan respuesta contra cáncer
(Bordon Y. Nat Rev Immunol 2025; Phelps CM Cells 2025)

El ejercicio aumenta el formato (carbono con efecto en fisiología de metabolismo y salud) de la microbiota, esencial para el efecto antitumoral que incrementa por inmunidad de células T CD8, con mejoría de los inhibidores de puestos de control inmunes.

La microbiota tiene papel crítico en las bondades del ejercicio sobre los inhibidores de puestos de control inmunes y desarrollo de cáncer; aumenta la actividad citotóxica de las células T CD8 (linfocitos), que puede relacionarse con la transcripción del factor nuclear eritroide, mediador de la producción de formato y con efecto antitumoral (mediado por el ejercicio).

El ejercicio reduce el riesgo de desarrollar cáncer y mejora los desenlaces de los pacientes, con potencial explicación parcial de la modificación de la microbiota intestinal con el mencionado aumento de los metabolitos formatos, los que a su vez incrementan la respuesta celular T antitumoral.

A través de la secuencia amplicon de rRNA 16S, los investigadores encontraron que los ratones sanos, tuvieron cambios significativos de la microbiota posterior a 5 semanas de ejercicio y el trasplante fecal de esos roedores post-ejercitados, modifican positivamente la microbiota de los ratones sedentarios, con efecto antitumoral. La administración oral de formato puede potenciar los efectos terapéuticos de medicamentos contra los puestos de control inmune y disminuir el crecimiento tumoral.

De tal manera que el ejercicio promueve cambios en la microbiota intestinal al aumentar la producción de formato; éste, activa las células T CD8 y aumenta la actividad antitumoral. El ejercicio puede también mejorar la eficacia terapéutica contra el cáncer.

Virus de Epstein Barr induce activación de células B en cerebro y atrae células T
(Läderach F et al. Nature 2025; 646: 171-9)

La esclerosis múltiple (EM) es la enfermedad crónica neuro-inflamatoria y desmielinizante más prevalente; en su etiología participan factores genéticos, ambientales y epigenéticos. El virus de Epstein Barr (EBV) o herpes tipo 4 (HHV4) participa en su desarrollo y progresión y tras la infección se desarrolla la EM 32 veces más.

Las células B (linfocitos) se identifican por la expresión de CD19, CD11c, Tbet y CXCR3, clonalmente expandidas en enfermedades autoinmunes, como lupus eritematoso generalizado, síndrome de Sjögren y artritis reumatoide, lo que se observa también en ratones experimentales.

Los autores muestran que la infiltración de linfocitos en el sistema nervioso central (SNC) incrementa substancialmente posterior a la infección por el EBV, que adicional a los linfocitos B se observa predominio de linfocitos T cooperadores (Th) y también Th17, subpoblaciones que también se observan en el bazo, con células efectoras de memoria CD8+, TH1 y TH17 en el SNC. Adicionalmente hay aumento importante de linfocitos B CD11c, CD19 en sangre, bazo y SNC posterior a la infección por el EBV, con manejo de cargas virales e incremento de Tbet+CXCR3.

La depleción de células B inhibe la neuro-invasión que se obtiene con medicamentos que depletan los linfocitos B (particularmente aquellos que producen autoanticuerpos) como rituximab aunque puede persistir algo de carga viral y en menor extensión linfocitos CD19 en sangre, bazo y SNC, posiblemente explicable por reservorios persistentes. Así el tratamiento con rituximab en ratones infectados por EBV abate casi totalmente el infiltrado de linfocitos B y T CD8 cerebrales, CD8+/CD4+HLA-DR+ activadas, así como linfocitos T CD8+PD1+ en el SNC.

Desde hace años se ha demostrado la eficacia de rituximab en personas con EM.

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