Olas de calor en adultos mayores; un problema creciente

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Una revisión internacional advierte que este sector es el más vulnerable y poco preparado.

Un análisis de casi medio centenar de estudios realizados entre 2010 y 2024 concluye que los adultos mayores son los más vulnerables a las olas de calor, no solo por su edad, sino porque en la mayoría de los casos desconocen cómo protegerse adecuadamente. La investigación, publicada en Plos Climate, advierte que los mayores no perciben el riesgo y, en consecuencia, no se preparan para estos eventos extremos.

De los 41 estudios revisados, 29 se centraron en estrategias de afrontamiento inmediatas como hidratarse, climatizar el hogar o trasladarse a espacios frescos. Sin embargo, apenas uno de ellos analizó cómo se preparan los mayores antes de una ola de calor, lo que evidencia la baja conciencia de riesgo en este grupo y en sus cuidadores, según explicó la profesora Fiona Doherty, coautora del trabajo.

Los especialistas advierten que el calor extremo debería considerarse un desastre meteorológico, al igual que los huracanes o las inundaciones, pues a menudo se le llama “el asesino silencioso”. Muchas de las muertes relacionadas con el calor en personas mayores ocurren en sus propios hogares y durante la noche, lo que revela que no sabían que estaban en peligro, destacó Smitha Rao, investigadora de la Universidad Estatal de Ohio.

El problema cobra mayor relevancia ante el crecimiento poblacional de este sector. Para 2050, se espera que las personas mayores de 65 años superen en número a los niños menores de cinco años, mientras que las olas de calor serán cada vez más intensas y prolongadas. En este escenario, advierten los expertos, las medidas aplicadas en el pasado ya no son suficientes para afrontar la nueva realidad climática.

La falta de preparación se complica por los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento. Con la edad, las reacciones del cuerpo frente al calor se modifican, y factores como los medicamentos o enfermedades crónicas pueden aumentar la vulnerabilidad al sobrecalentamiento. “Los adultos mayores y sus cuidadores a menudo no se percatan de estos riesgos adicionales”, señaló Rao.

Los investigadores insisten en que es necesario involucrar directamente a los adultos mayores en programas de formación y prevención, además de impulsar políticas públicas específicas. Un ejemplo reciente es Ohio, donde se autorizó el transporte público gratuito durante las olas de calor, con el objetivo de reducir la exposición y facilitar la movilidad segura de jóvenes y mayores.

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