Legisladores republicanos frenan megaplan fiscal de Trump

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Cinco congresistas del ala conservadora bloquean proyecto que buscaba gravar remesas y reducir impuestos antes del 4 de julio.

Un grupo de legisladores republicanos bloqueó el avance del megaplan fiscal impulsado por el expresidente Donald Trump, cuyo eje incluía reducir impuestos y aplicar un nuevo gravamen del 5 % a las remesas enviadas fuera de Estados Unidos. La propuesta, bautizada por Trump como el “GRAN Y HERMOSO PROYECTO DE LEY”, pretendía ser una carta fuerte rumbo al 4 de julio, fecha simbólica en la política estadounidense. Sin embargo, cinco republicanos del ala conservadora, encabezados por Chip Roy, votaron en contra del dictamen en el Comité del Presupuesto, superando los tres votos necesarios para frenarlo. Argumentaron que el paquete aumentaría significativamente el déficit presupuestario federal, que ya supera los 34 billones de dólares. “Estamos comprometiendo el futuro fiscal de nuestros hijos”, sentenció Roy. Esta ruptura inusual dentro del partido evidencia tensiones internas entre los sectores trumpistas, los moderados y los ultraconservadores que exigen recortes más duros a programas sociales como Medicaid.

La Casa Blanca y el liderazgo republicano en la Cámara Baja buscaban aprobar el megaplan fiscal antes del Día de los Caídos, el próximo 26 de mayo, para enviarlo con tiempo al Senado y posteriormente al Despacho Oval. El objetivo era presentarlo como una victoria legislativa de cara a las elecciones presidenciales de noviembre. La reforma contempla extender las exenciones fiscales del mandato de Trump (2017-2021), eliminar impuestos sobre propinas, reducir cargas tributarias a familias con hijos y adultos mayores, e incentivar la compra de autos fabricados en EE.UU. Aunque también promete “proteger Medicaid”, en realidad contempla recortes encubiertos al restringir su cobertura para millones de migrantes sin documentos, lo cual ha encendido alarmas entre grupos civiles, estados demócratas y organizaciones médicas. Trump, desde Truth Social, insistió en que la legislación “beneficia a todos los estadounidenses” y acusó a los disidentes de “fanfarronear” en lugar de apoyar al pueblo.

Uno de los puntos más controvertidos de la propuesta es el nuevo impuesto del 5 % a las remesas internacionales, que según estimaciones no oficiales impactaría directamente a más de 12 millones de migrantes en EE.UU., en su mayoría latinoamericanos. El Gobierno de México, presidido por Claudia Sheinbaum, calificó la medida como una “injusticia discriminatoria” que atenta contra las familias binacionales y los derechos económicos de los trabajadores migrantes. “Gravar las remesas es castigar a los más pobres por mantener vivos sus lazos con su país”, sostuvo la canciller Alicia Bárcena. Diversos grupos de derechos humanos y asociaciones de migrantes han anunciado protestas en ciudades como Chicago, Los Ángeles y Houston. El Departamento del Tesoro, por su parte, evitó pronunciarse abiertamente, pero fuentes internas reconocen que la medida podría tensar las relaciones diplomáticas con países de Centroamérica y el Caribe que dependen de esos flujos financieros.

En paralelo, las divisiones internas del Partido Republicano han dejado en evidencia la complejidad de aprobar reformas fiscales amplias sin el respaldo de todo el bloque. Mientras el ala trumpista y el liderazgo de la Cámara de Representantes empujan una narrativa de “beneficios masivos”, los ultraconservadores piden recortes más profundos al gasto social y exigen una reestructuración más agresiva del déficit nacional. Jason Smith, presidente del Comité de Medios y Arbitrios, estimó que el costo total del megaproyecto ronda los 3.9 billones de dólares, ligeramente por debajo del techo de 4.5 billones que había fijado el liderazgo republicano. No obstante, analistas del Congressional Budget Office advierten que la eliminación de impuestos podría agravar la dependencia del endeudamiento público en los próximos cinco años. Además, los recortes a programas como Medicaid y SNAP ponen en riesgo la cobertura básica de más de 70 millones de personas.

Otro punto de quiebre fue la presión de Trump para que el Congreso actúe sin dilaciones. Horas antes de la votación fallida en el Comité de Presupuesto, el expresidente escribió en Truth Social que “los republicanos DEBEN UNIRSE tras el GRAN Y HERMOSO PROYECTO DE LEY”. Su mensaje fue interpretado como una amenaza política directa a los congresistas indecisos, aunque terminó generando el efecto contrario. “No necesitamos fanfarrones en el partido”, reprochó Trump, sin mencionar nombres. El tono autoritario ha incomodado incluso a aliados cercanos como el líder de la mayoría republicana, Steve Scalise, quien pidió “negociaciones más sensatas y menos espectáculos en redes sociales”. Esta tensión también refleja el desgaste interno de un partido que intenta mantener la unidad rumbo a la elección presidencial, en la que Trump busca volver a la Casa Blanca en medio de múltiples juicios federales y estatales en su contra.

La propuesta original preveía también aumentar los beneficios fiscales a personas mayores de 65 años, otorgar nuevas deducciones a familias con tres o más hijos, y eliminar impuestos a las horas extra y a las propinas, una medida popular entre sectores de la industria restaurantera. Sin embargo, los demócratas han acusado que dichas medidas son un “espejismo electoral” para encubrir la reducción en gasto social y salud pública. “Trump quiere pagar exenciones a los ricos con el dinero de los niños pobres”, dijo el representante demócrata Hakeem Jeffries. A la par, organizaciones económicas han advertido que el impuesto a las remesas generaría apenas 20 mil millones de dólares al año, cifra que no compensa el déficit estimado. Además, han advertido que podría generar un mercado negro de envío de dinero y alentar el uso de criptomonedas para evitar el pago.

La Casa Blanca no ha hecho comentarios oficiales sobre el retroceso en el Congreso, aunque se espera que el presidente Biden utilice esta coyuntura para contrastar sus propias políticas fiscales, centradas en impuestos a las grandes corporaciones. En tanto, la propuesta republicana sigue estancada en el Comité de Presupuesto, sin fecha para una nueva discusión. Analistas políticos señalan que el proyecto podría revivirse si Trump logra alinear a su partido, aunque eso implicaría concesiones mayores al ala conservadora, como mayores recortes al gasto federal o endurecer aún más las políticas migratorias. Por ahora, el megaproyecto fiscal ha demostrado que, incluso bajo la sombra de Trump, no todo el Partido Republicano está dispuesto a firmar cheques en blanco. El futuro de la iniciativa dependerá de las negociaciones de las próximas semanas.

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