Mi pareja se comporta como una madre o un padre

Hay varias señales notorias que indican que nuestra pareja se comporta como una madre o un padre. Como hemos comentado, esto puede sucederle a hombres y mujeres, pero hablaremos en femenino por la mayor proporción que existe.
Lleva la carga mental. Se preocupa de recordarnos lo que tenemos que coger antes de salir de casa, de organizarnos las citas, de estar pendiente de aquello que necesitamos comprar.
Mantiene en su mente todos nuestros compromisos, obligaciones y necesidades, y se encarga de ellos como si de una secretaria o asistente se tratase, todo con el aparente fin de facilitarnos la vida.
Toma las decisiones por nosotros. Desde la ropa que nos ponemos hasta los clientes con los que trabajamos o en qué empleamos el tiempo libre. En ocasiones, estas decisiones se imponen de forma directa y en otras se sugieren sutilmente, pero el resultado es el mismo: es la otra persona quien tiene las riendas de nuestra vida.
Nos regaña o nos critica constantemente. Discute nuestros gustos, nuestras actitudes y nuestras acciones. Parece que quisiera educarnos y utiliza un tono que no corresponde a una conversación con otro adulto.
Se ocupa de todo por nosotros. Lava, cocina, plancha, va al supermercado, se ocupa de tener la comida lista cuando llegamos, de prepararnos el almuerzo para el trabajo y, a veces, hasta de ayudarnos con nuestro aseo personal. No hay equilibrio ni reciprocidad, ya que la otra persona lo hace prácticamente todo.
Se victimiza por la falta de reconocimiento. Espera que su sacrificio sea valorado y reconocido, y siempre siente que no recibe gratitud de nuestra parte.
¿Por qué se adoptan estos roles?
Para quien no lo vive puede resultar difícil comprender por qué alguien trataría así a su pareja; sin embargo, existen diversos motivos de peso. Entre estos, destacan los que mencionaremos a continuación.
Cultura y roles de género
No podemos pasar por alto el hecho de que muchos de nuestros comportamientos son patrones y programaciones aprendidas culturalmente. De forma tradicional, se ha considerado que el valor de la mujer estaba ligado a su capacidad para ser «una buena esposa» y atender al marido. Esta creencia sigue muy presente en muchas mujeres y es, incluso, transmitida en el seno de la familia.
Codependencia y miedo al abandono
Detrás de ese aparente altruismo y sacrificio de quien se comporta como madre (o padre) se esconde un gran miedo al abandono. Lo hace todo por su pareja para volverse imprescindible, para que le necesite y nunca pueda dejarle. No considera que pueda amarle por lo que es, así que trata de que el cariño surja por lo que hace.






